Publica Mar Velasco en La Razón.
La noticia saltó hace unos días, cuando salieron a la luz alguno de los párrafos de las conversaciones que el periodista Michka Assayas ha mantenido a lo largo de dos años con Bono, el líder de la banda irlandesa U2. Alguna de estas conversaciones, publicadas recientemente en el libro «Bono on Bono», son toda una declaración de principios. En el capítulo «Hablemos también de eternidad», el cantante, que siempre se ha proclamado católico, da testimonio de su fe y descubre anécdotas y reflexiones sobre la Iglesia, la familia o el terrorismo.
El 11 M y el perdón. La primera sorpresa la reserva el comienzo del capítulo: Michka Assayas, periodista agnóstico, describe cómo se acaba de enterar del atentado del 11 M en Madrid. Bono también ha oído la noticia: «Lo he oído en la radio, y he visto las imágenes cuando he salido del estudio. Atroz. No dejo de pensar en la canción “Love and mercy” (Amor y misericordia) de Brian Wilson. Exactamente los dos sentimientos que los terroristas quieren destruir», se lamenta. Bono recuerda también el día del 11 S, cómo su concierto en el Madison Square Garden poco después del atentado fue «un evento trascendente», y cómo le habría gustado escribir una obra de teatro sobre «cómo un irlandés podía matar a otro irlandés a sangre fría. Le daba vueltas constantemente a lo que Hannah Arendt llama la banalidad del mal. Me preguntaba cómo es posible», reflexiona.
Amor que transforma. «Un hombre espiritualmente abierto es mucho más vulnerable y manipulable que un escéptico», afirma Bono. «El instinto religioso es muy puro, pero si no va acompañado de un gran rigor, es muy difícil de controlar. (...) Yo entiendo las Escrituras concentrándome en Cristo. Él nos enseña que Dios es amor. ¿Qué quiere decir esto? En su caso, el amor ha sido revelado a través de su nacimiento en una extrema pobreza, en una condición vulnerable, indigna. Creo que Dios es el amor con mayúsculas, y por tanto, si consigo transformarme y vivir en ese amor, entonces, habré encontrado mi religión. Cuando las cosas se ponen difíciles, intento vivir en ese amor que se me pide. Y en este momento, sinceramente, (por el 11 M) no es fácil hacerlo», reconoce.
Bono prosigue con su visión del Evangelio: «No tengo una visión hippy de Cristo. Los evangelios hablan de un amor que pretende mucho y que a veces divide mucho, pero siempre es amor. Con el Jesús del Nuevo Testamento se puede establecer una relación de igual a igual, mientras que la relación del Antiguo Testamento con Dios es una relación jerárquica. La cruz de Cristo asume en sí estas dos cosas», afirma el cantante con convicción.
Cuando Dios sale de escena. «La religión puede ser enemiga de Dios. Pero eso ocurre a menudo, cuando Dios sale de la escena, y nacen una serie de reglas donde un tiempo hubo convicción, el dogma que sustituye a la espontaneidad, una congregación y un líder cuando antes era guiada por el Espíritu», sostiene. Assayas hace una inmediata alusión al Vaticano y Bono replica: «Hay que intentar no ser demasiado duros con la Iglesia de Roma. La Iglesia tiene sus problemas, pero cuanto mayor me hago, más me conforta. Me gusta, además, la experiencia física de pertenecer a una multitud de gente humilde que reza con la cabeza baja. Y después está la iconografía, las vidrieras, los colores litúrgicos, el aroma del incienso...».
Hay un silencio, tras el que Assayas le reprocha «no ser crítico» con la Iglesia. Bono se suma a la lista de «disidentes» en materia de moral sexual, aunque añade una reflexión atípica para los tiempos que corren: «Soy crítico con la Iglesia de Roma especialmente en el tema de la contracepción. Pero cuando das con gente como sor Benedicta y ves su trabajo en Addis Abeba con los niños huérfanos de sida, o el de sor Anna en Malawi, o del padre Jack Fenukan y su gente en África, cuando conoces curas y monjas que se desviven por los enfermos y los pobres, renunciando a una vida mucho más cómoda, créeme que te sientes muy cerca de sus ideales», afirma.
El amor, un desafío. Para Bono, el amor es un auténtico desafío: «Los fundamentalistas no aman el mundo. Están solo de paso, en espera de alcanzar el otro mundo. Es un argumento clásico: “Sufre aquí y allá recibirás recompensa”. Y sin embargo, yo pienso en las palabras de Cristo: “Así el Cielo como en la Tierra”. Cuando uno va envejeciendo, se tienen menos posibilidades de cambiar la propia vida y se está menos dispuesto a ver el amor también como un desafío, se tiende a buscar un amor más seguro, más cómodo».
Bono reflexiona también sobre la poderosa diferencia que él encuentra entre el catolicismo y las demás religiones: «Estoy sinceramente convencido de que hemos salido del reino del “karma” para entrar en el de la gracia», sostiene.
«En el centro de todas las religiones está la idea del “karma”. Ya sabes, todo lo que haces te vuelve a ti; ojo por ojo, diente por diente, o en física –en las leyes físicas– cada acción encuentra otra igual u opuesta. Entonces llega esta idea llamada “gracia” que acaba con todo esto», explica.
Cuando la gracia supera al karma. «El amor interrumpe las consecuencias de tus acciones, lo que en mi caso realmente son buenas noticias porque yo he hecho muchas estupideces en esta vida. Pero tendría serios problemas si finalmente el “karma” fuese mi juez. No es que excuse mis errores, pero yo me acojo a la gracia. Me acojo a que Jesús tomó mis pecados sobre la cruz, porque yo sé quien soy y espero no tener que depender de mi propia religiosidad. El sentido de la muerte de Cristo es que Él tomó los pecados del mundo, de modo que lo que soltamos no vuelva a nosotros rebotado, y que nuestra naturaleza pecadora no coseche la muerte obvia. No son nuestras buenas obras lo que nos abren las puertas del cielo», afirma con convicción. La réplica de Michka Assayas es inmediata: «Una esperanza tan grande es maravillosa, aunque esté cercana a la demencia, en mi opinión», responde. «Cristo tiene su lugar entre los grandes pensadores del mundo. Pero, eso de “Hijo de Dios” ¿...no es difícil de creer?», le pregunta.
La locura de creer en Cristo. «Verás, la respuesta laica a la historia del Cristo siempre dice algo así: “Era un gran profeta, obviamente un tipo muy interesante, tenía mucho que decir, en la línea de otros profetas, sean Elías, Mahoma, Buda o Confucio”. Pero la realidad es que Cristo no te permite decir esto. No te deja salir por ahí. Cristo dice: no, yo no digo “soy un maestro”, no me llaméis maestro. Ni estoy diciendo “soy un profeta, sino: “Soy el Mesías”. “Yo soy Dios encarnado”. Y la gente dice: “Por Dios, mira, intenta ser sólo un profeta. Un profeta es algo aceptable. Sólo eres un poco excéntrico ¡Si ya estaba Juan el Bautista, que comía hierbas y saltamontes! Pero por favor, no digas esa palabra con la M...” Y Cristo responde: “Sé que esperáis que vuelva con un ejército para liberaros del mal, pero lo siento, soy de verdad el Mesías”. Así que lo que te queda es que, o Cristo era quien decía que era –el Mesías– o era un completo chiflado, tipo Charles Manson, o como los de los explosivos, que se puso una tira en la frente que decía “rey de los judíos” y subió a la cruz buscando el martirio... No bromeo, Michka. La idea de que el curso de la civilización ha cambiado, que se ha vuelto del revés, debido a un chiflado... para mí, eso sí que es difícil de creer», sostiene.
«¡Pero no ha sido el único en proclamarse Mesías!», replica Assayas. «Sí, pero los demás no han cambiado el curso de nada», responde Bono. «Cuando miro a la cruz de Cristo, veo todas mis estupideces, y también las de los demás. “¿Quién era este hombre?”, me pregunto. ¿Era quien decía ser, o era solo un loco? Creo que de momento, es una pregunta a la que nadie podrá responder...», concluye, sorprendiendo al agnóstico Michka Assayas con toda una declaración de fe.
jueves, 13 de octubre de 2005
Bono: «No son nuestras buenas obras las que nos abren las puertas del cielo, sino la gracia de Cristo»
lunes, 12 de septiembre de 2005
Sida, preservativo, ¿y amor?
Este agosto lo he pasado en un pais africano: cosas de proyectos de cooperación.
Esa estancia en Africa ha sido el motivo del parón en la publicación del blog: no es fácil acceder a internet desde allí, mis intentos en los ciber eran desesperantes por la lentitud de las conexiones. Eran tan lentas, que mientras se cargaba una página, me daba tiempo a leer todos los carteles pegados en las paredes del ciber. En uno de ellos se animaba a la fidelidad a la pareja para prevenir el SIDA, cuya incidencia en ese país es terrible; otro de los carteles, aunque no recuerdo exactamente el texto, venía a decir: "si le/la quieres... utiliza el preservativo".
Como la página de Internet seguía sin terminar de cargarse, me dio tiempo a pensar: "¿no es una incoherencia?", ¿no se está enviando un mensaje falaz y equivocado de raiz?" Supuestamente el amor es entrega, donación, confianza recíproca dentro de la pareja... mientras que si uno de los dos "exige" el preservativo está lanzando un mensaje: "no te fíes de mi..." o "no me fío de ti..." por lo que, a pesar de dedicar millones y millones de dólares en fomentar el uso de preservativo, en el momento de la verdad, resulta que no se termina de utilizar.
¿No será que, en muchos casos, ninguno de los dos quiere exigirlo, pues consideran que supondría una carga de profundidad en el amor de la pareja?
Esa estancia en Africa ha sido el motivo del parón en la publicación del blog: no es fácil acceder a internet desde allí, mis intentos en los ciber eran desesperantes por la lentitud de las conexiones. Eran tan lentas, que mientras se cargaba una página, me daba tiempo a leer todos los carteles pegados en las paredes del ciber. En uno de ellos se animaba a la fidelidad a la pareja para prevenir el SIDA, cuya incidencia en ese país es terrible; otro de los carteles, aunque no recuerdo exactamente el texto, venía a decir: "si le/la quieres... utiliza el preservativo".
Como la página de Internet seguía sin terminar de cargarse, me dio tiempo a pensar: "¿no es una incoherencia?", ¿no se está enviando un mensaje falaz y equivocado de raiz?" Supuestamente el amor es entrega, donación, confianza recíproca dentro de la pareja... mientras que si uno de los dos "exige" el preservativo está lanzando un mensaje: "no te fíes de mi..." o "no me fío de ti..." por lo que, a pesar de dedicar millones y millones de dólares en fomentar el uso de preservativo, en el momento de la verdad, resulta que no se termina de utilizar.
¿No será que, en muchos casos, ninguno de los dos quiere exigirlo, pues consideran que supondría una carga de profundidad en el amor de la pareja?
martes, 26 de julio de 2005
EEUU: el útero, más peligroso que las trincheras
Estados Unidos fue uno de los primeros países en legalizar el aborto, a comienzos de los años setenta. Y el balance al cabo de tres décadas es muy elocuente: más de 45 millones de fetos destruidos. Un balance muy superior al de estadounidenses muertos en todas las guerras en las que ha intervenido la Unión (1.196.000).
Todo comenzó en los primeros años setenta. El clamor a favor del amor libre, el sexo libre y la libertad individual se oía como un estruendo. Una joven del estado de Texas, llamada Norma McCorvey, denuncia que ha sido violada por un grupo de jóvenes. Se queda embarazada.
Dos abogadas, Sarah Weddington y Linda Coffee, recién graduadas por la Facultad de Leyes de la Universidad de Texas convencen a Norma (a la que llaman Roe) para que luche por abortar en vez de entregar a su bebé en adopción, que era lo que se venía haciendo antaño.
El caso fue llevado a juicio varias veces hasta llegar al Tribunal Supremo, donde se emite el fallo que legaliza el aborto en los 50 estados del país norteamericano. Mientras se litigaba el caso, la bebé que Norma McCorvey esperaba nació y fue entregada en adopción.
En 1987, la misma Norma admitió que no había sido violada y que el padre de su hija era una persona conocida. El relato sobre los pandilleros resultó ser una mentira.
(Extractado de un artículo de Julia Urgel en Epoca)
Todo comenzó en los primeros años setenta. El clamor a favor del amor libre, el sexo libre y la libertad individual se oía como un estruendo. Una joven del estado de Texas, llamada Norma McCorvey, denuncia que ha sido violada por un grupo de jóvenes. Se queda embarazada.
Dos abogadas, Sarah Weddington y Linda Coffee, recién graduadas por la Facultad de Leyes de la Universidad de Texas convencen a Norma (a la que llaman Roe) para que luche por abortar en vez de entregar a su bebé en adopción, que era lo que se venía haciendo antaño.
El caso fue llevado a juicio varias veces hasta llegar al Tribunal Supremo, donde se emite el fallo que legaliza el aborto en los 50 estados del país norteamericano. Mientras se litigaba el caso, la bebé que Norma McCorvey esperaba nació y fue entregada en adopción.
En 1987, la misma Norma admitió que no había sido violada y que el padre de su hija era una persona conocida. El relato sobre los pandilleros resultó ser una mentira.
(Extractado de un artículo de Julia Urgel en Epoca)
martes, 5 de julio de 2005
El aborto: la primera causa de muerte en España
El Instituto de Política Familiar (IPF) ha presentado el Informe sobre la “Evolución del Aborto en España: 1.985-2.005” coincidiendo con el 20 aniversario de su legalización en España.
ALGUNOS DATOS:
· Actualmente se produce en España un aborto cada 6,6 minutos (79.788 abortos/año), es decir, UNO de cada SEIS embarazos termina en abortos de manera que, cada día 220 niños dejan de nacer en España por abortos... haciendo del aborto la principal causa de mortalidad en España.
· Madrid (con 15.434 abortos en el 2003), Cataluña (con 15.373), Andalucía (14.280) y Comunidad Valenciana (7.870) son las Comunidades autónomas en las que se producen más abortos, representando el 66,3% del total de abortos
· Se ha reducido significativamente la edad media de las personas que abortan… Siendo ya mayoritarias en las personas menores de 24 años… y siendo cada vez mas importantes los abortos en adolescentes ya que el 13,7% (10.957 abortos) se produce en adolescentes menores de 19 años.
· El aborto se ha convertido en la principal causa de mortalidad en España, Muy por encima de otras fuentes de defunciones “externas” ya sean accidentes de tráfico, muertes por homicidio, suicidios, Sida o Drogas.
ALGUNAS PROPUESTAS DE IPF
· Creación de una Comisión Interministerial dependiendo del Ministerio de Sanidad que aborde la problemática de las defunciones por aborto e implemente medidas encaminas a su reducción así como a combatir sus efectos negativos.
· Creación de Centros de Ayuda, Atención y Asesoramiento (CAAA) a la mujer embarazada que ayude a todas las madres, solteras o casadas, a tener sus hijos.
· Promoción y ayuda, a través del 0,5% del IRPF, a aquellas ONGs que se dediquen a apoyar a las mujeres embarazadas.
ALGUNOS DATOS:
· Actualmente se produce en España un aborto cada 6,6 minutos (79.788 abortos/año), es decir, UNO de cada SEIS embarazos termina en abortos de manera que, cada día 220 niños dejan de nacer en España por abortos... haciendo del aborto la principal causa de mortalidad en España.
· Madrid (con 15.434 abortos en el 2003), Cataluña (con 15.373), Andalucía (14.280) y Comunidad Valenciana (7.870) son las Comunidades autónomas en las que se producen más abortos, representando el 66,3% del total de abortos
· Se ha reducido significativamente la edad media de las personas que abortan… Siendo ya mayoritarias en las personas menores de 24 años… y siendo cada vez mas importantes los abortos en adolescentes ya que el 13,7% (10.957 abortos) se produce en adolescentes menores de 19 años.
· El aborto se ha convertido en la principal causa de mortalidad en España, Muy por encima de otras fuentes de defunciones “externas” ya sean accidentes de tráfico, muertes por homicidio, suicidios, Sida o Drogas.
ALGUNAS PROPUESTAS DE IPF
· Creación de una Comisión Interministerial dependiendo del Ministerio de Sanidad que aborde la problemática de las defunciones por aborto e implemente medidas encaminas a su reducción así como a combatir sus efectos negativos.
· Creación de Centros de Ayuda, Atención y Asesoramiento (CAAA) a la mujer embarazada que ayude a todas las madres, solteras o casadas, a tener sus hijos.
· Promoción y ayuda, a través del 0,5% del IRPF, a aquellas ONGs que se dediquen a apoyar a las mujeres embarazadas.
viernes, 1 de julio de 2005
España. Año 2018
En 1973 la presión del lobby gay consiguió que se retirase de la DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders)la referencia a la homosexualidad como un trastorno psicológico. Todo ello mediante presión, insultos, amenazas, coacciones en la Asambleas de Psiquiatras.
32 años después, en España se le da carta de naturaleza: se legaliza que puedan casarse y adoptar.
En 1986, los activistas gays lograban también expulsar la paidofilia de la lista de trastornos psicológicos de la DSM.
¿Qué podemos esperar que suceda en 2018 (1986+32)?
32 años después, en España se le da carta de naturaleza: se legaliza que puedan casarse y adoptar.
En 1986, los activistas gays lograban también expulsar la paidofilia de la lista de trastornos psicológicos de la DSM.
¿Qué podemos esperar que suceda en 2018 (1986+32)?
La fuerza de un lobby... o de cómo dejó la homosexualidad de ser una enfermedad
Cesar Vidal explica cómo la homosexualidad pasó de ser "un trastorno psiquiátrico" a ser considerada un "estilo de vida". Vale la pena leerlo aunque es un poco largo. Como se podrá comprobar, todo muy científico...
(...) el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) incluía la homosexualidad en el listado de desórdenes mentales. Sin embargo, en 1973 la homosexualidad fue extraída del DSM en medio de lo que el congresista norteamericano W. Dannemeyer denominaría «una de las narraciones más deprimentes en los anales de la medicina moderna». El episodio ha sido relatado ampliamente por uno de sus protagonistas, Ronald Bayer, conocido simpatizante de la causa gay, y ciertamente constituye un ejemplo notable de cómo la militancia política puede interferir en el discurso científico modelándolo y alterándolo. Según el testimonio de Bayer, dado que la convención de la Asociación psiquiátrica americana (APA) de 1970 iba a celebrarse en San Francisco, distintos dirigentes homosexuales acordaron realizar un ataque concertado contra esta entidad. Se iba a llevar así a cabo «el primer esfuerzo sistemático para trastornar las reuniones anuales de la APA». Cuando Irving Bieber, una famosa autoridad en transexualismo y homosexualidad, estaba realizando un seminario sobre el tema, un grupo de activistas gays irrumpió en el recinto para oponerse a su exposición. Mientras se reían de sus palabras y se burlaban de su exposición, uno de los militantes gays le gritó: «He leído tu libro, Dr. Bieber, y si ese libro hablara de los negros de la manera que habla de los homosexuales, te arrastrarían y te machacarían y te lo merecerías». Igualar el racismo con el diagnóstico médico era pura demagogia y no resulta por ello extraño que los presentes manifestaran su desagrado ante aquella manifestación de fuerza.
Sin embargo, el obstruccionismo gay a las exposiciones de los psiquiatras tan sólo acababa de empezar. Cuando el psiquiatra australiano Nathaniel McConaghy se refería al uso de «técnicas condicionantes aversivas» para tratar la homosexualidad, los activistas gays comenzaron a lanzar gritos llamándole «sádico» y calificando semejante acción de «tortura». Incluso uno se levantó y le dijo: «¿Dónde resides, en Auchswitz?». A continuación los manifestantes indicaron su deseo de intervenir diciendo que habían esperado cinco mil años mientras uno de ellos comenzaba a leer una lista de «demandas gays». Mientras los militantes acusaban a los psiquiatras de que su profesión era «un instrumento de opresión y tortura», la mayoría de los médicos abandonaron indignados la sala. Sin embargo, no todos pensaban así. De hecho, algunos psiquiatras encontraron en las presiones gays alicientes inesperados. El Dr. Kent Robinson, por ejemplo, se entrevistó con Larry Littlejohn, uno de los dirigentes gays, y le confesó que creía que ese tipo de tácticas eran necesarias, ya que la APA se negaba sistemáticamente a dejar que los militantes gays aparecieran en el programa oficial. A continuación se dirigió a John Ewing, presidente del comité de programación, y le dijo que sería conveniente ceder a las pretensiones de los gays porque de lo contrario «no iban solamente a acabar con una parte» de la reunión anual de la APA. Según el testimonio de Bayer, «notando los términos coercitivos de la petición, Ewing aceptó rápidamente estipulando sólo que, de acuerdo con las reglas de la convención de la APA, un psiquiatra tenía que presidir la sesión propuesta». Que la APA se sospechaba con quién se enfrentaba se desprende del hecho de que contratara a unos expertos en seguridad para que evitaran más manifestaciones de violencia gay. No sirvió de nada.
El 3 de mayo de 1971, un grupo de activistas gays irrumpió en la reunión de psiquiatras del año y su dirigente, tras apoderarse del micrófono, les espetó que no tenían ningún derecho a discutir el tema de la homosexualidad y añadió: «Podéis tomar esto como una declaración de guerra contra vosotros». Según refiere Bayer, los gays se sirvieron a continuación de credenciales falsas para anegar el recinto y amenazaron a los que estaban a cargo de la exposición sobre tratamientos de la homosexualidad con destruir todo el material si no procedían a retirarlo inmediatamente. A continuación se inició un panel desarrollado por cinco militantes gays en el que defendieron la homosexualidad como un estilo de vida y atacaron a la psiquiatría como «el enemigo más peligroso de los homosexuales en la sociedad contemporánea». Dado que la inmensa mayoría de los psiquiatras podía ser más o menos competente, pero desde luego ni estaba acostumbrada a que sus pacientes les dijeran lo que debían hacer ni se caracterizaba por el dominio de las tácticas de presión violenta de grupos organizados, la victoria del lobby gay fue clamorosa. De hecho, para 1972, había logrado imponerse como una presencia obligada en la reunión anual de la APA. El año siguiente fue el de la gran ofensiva encaminada a que la APA borrara del DSM la mención de la homosexualidad. Las ponencias de psiquiatras especializados en el tema como Spitzer, Socarides, Bieber o McDevitt fueron ahogadas reduciendo su tiempo de exposición a un ridículo cuarto de hora mientras los dirigentes gays y algún psiquiatra políticamente correcto realizaban declaraciones ante la prensa en las que se anunciaba que «los médicos deciden que los homosexuales no son anormales».
Finalmente, la alianza de Kent Robinson, el lobby gay y Judd Marmor, que ambicionaba ser elegido presidente de la APA, sometió a discusión un documento cuya finalidad era eliminar la mención de la homosexualidad del DSM. Su aprobación, a pesar de la propaganda y de las presiones, no obtuvo más que el 58 por ciento de los votos. Se trataba, sin duda, de una mayoría cualificada para una decisión política pero un tanto sobrecogedora para un análisis científico de un problema médico. No obstante, buena parte de los miembros de la APA no estaban dispuestos a rendirse ante lo que consideraban una intromisión intolerable y violenta de la militancia gay.
En 1980, el DSM incluyó entre los trastornos mentales una nueva dolencia de carácter homosexual conocida como ego-distónico. Con el término se había referencia a aquella homosexualidad que, a la vez, causaba un pesar persistente al que la padecía. En realidad, se trataba de una solución de compromiso para apaciguar a los psiquiatras -en su mayoría psicoanalistas- que seguían considerando la homosexualidad una dolencia psíquica y que consideraban una obligación médica y moral ofrecer tratamiento adecuado a los que la padecían. Se trató de un triunfo temporal frente a la influencia gay. En 1986, los activistas gays lograban expulsar aquella dolencia del nuevo DSM e incluso obtendrían un nuevo triunfo al lograr que también se excluyera la paidofilia de la lista de los trastornos psicológicos. En Estados Unidos, al menos estatutariamente, la homosexualidad -y la paidofilia- había dejado de ser una dolencia susceptible de tratamiento psiquiátrico. Cuestión aparte es que millares de psiquiatras aceptaran aquel paso porque la realidad es que hasta la fecha han seguido insistiendo en que la ideología política en este caso la del movimiento gay- no puede marcar sus decisiones a la ciencia y en que, al haber consentido en ello la APA, tal comportamiento sólo ha servido para privar a los enfermos del tratamiento que necesitaban. Se piense lo que se piense al respecto -y la falta de unanimidad médica debería ser una buena razón para optar por la prudencia en cuanto a las opiniones tajantes- la verdad era que la decisión final que afirmaba que la homosexualidad no era un trastorno psicológico había estado más basada en la acción política que en una consideración científica de la evidencia. (...)
(...) el DSM (Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders) incluía la homosexualidad en el listado de desórdenes mentales. Sin embargo, en 1973 la homosexualidad fue extraída del DSM en medio de lo que el congresista norteamericano W. Dannemeyer denominaría «una de las narraciones más deprimentes en los anales de la medicina moderna». El episodio ha sido relatado ampliamente por uno de sus protagonistas, Ronald Bayer, conocido simpatizante de la causa gay, y ciertamente constituye un ejemplo notable de cómo la militancia política puede interferir en el discurso científico modelándolo y alterándolo. Según el testimonio de Bayer, dado que la convención de la Asociación psiquiátrica americana (APA) de 1970 iba a celebrarse en San Francisco, distintos dirigentes homosexuales acordaron realizar un ataque concertado contra esta entidad. Se iba a llevar así a cabo «el primer esfuerzo sistemático para trastornar las reuniones anuales de la APA». Cuando Irving Bieber, una famosa autoridad en transexualismo y homosexualidad, estaba realizando un seminario sobre el tema, un grupo de activistas gays irrumpió en el recinto para oponerse a su exposición. Mientras se reían de sus palabras y se burlaban de su exposición, uno de los militantes gays le gritó: «He leído tu libro, Dr. Bieber, y si ese libro hablara de los negros de la manera que habla de los homosexuales, te arrastrarían y te machacarían y te lo merecerías». Igualar el racismo con el diagnóstico médico era pura demagogia y no resulta por ello extraño que los presentes manifestaran su desagrado ante aquella manifestación de fuerza.
Sin embargo, el obstruccionismo gay a las exposiciones de los psiquiatras tan sólo acababa de empezar. Cuando el psiquiatra australiano Nathaniel McConaghy se refería al uso de «técnicas condicionantes aversivas» para tratar la homosexualidad, los activistas gays comenzaron a lanzar gritos llamándole «sádico» y calificando semejante acción de «tortura». Incluso uno se levantó y le dijo: «¿Dónde resides, en Auchswitz?». A continuación los manifestantes indicaron su deseo de intervenir diciendo que habían esperado cinco mil años mientras uno de ellos comenzaba a leer una lista de «demandas gays». Mientras los militantes acusaban a los psiquiatras de que su profesión era «un instrumento de opresión y tortura», la mayoría de los médicos abandonaron indignados la sala. Sin embargo, no todos pensaban así. De hecho, algunos psiquiatras encontraron en las presiones gays alicientes inesperados. El Dr. Kent Robinson, por ejemplo, se entrevistó con Larry Littlejohn, uno de los dirigentes gays, y le confesó que creía que ese tipo de tácticas eran necesarias, ya que la APA se negaba sistemáticamente a dejar que los militantes gays aparecieran en el programa oficial. A continuación se dirigió a John Ewing, presidente del comité de programación, y le dijo que sería conveniente ceder a las pretensiones de los gays porque de lo contrario «no iban solamente a acabar con una parte» de la reunión anual de la APA. Según el testimonio de Bayer, «notando los términos coercitivos de la petición, Ewing aceptó rápidamente estipulando sólo que, de acuerdo con las reglas de la convención de la APA, un psiquiatra tenía que presidir la sesión propuesta». Que la APA se sospechaba con quién se enfrentaba se desprende del hecho de que contratara a unos expertos en seguridad para que evitaran más manifestaciones de violencia gay. No sirvió de nada.
El 3 de mayo de 1971, un grupo de activistas gays irrumpió en la reunión de psiquiatras del año y su dirigente, tras apoderarse del micrófono, les espetó que no tenían ningún derecho a discutir el tema de la homosexualidad y añadió: «Podéis tomar esto como una declaración de guerra contra vosotros». Según refiere Bayer, los gays se sirvieron a continuación de credenciales falsas para anegar el recinto y amenazaron a los que estaban a cargo de la exposición sobre tratamientos de la homosexualidad con destruir todo el material si no procedían a retirarlo inmediatamente. A continuación se inició un panel desarrollado por cinco militantes gays en el que defendieron la homosexualidad como un estilo de vida y atacaron a la psiquiatría como «el enemigo más peligroso de los homosexuales en la sociedad contemporánea». Dado que la inmensa mayoría de los psiquiatras podía ser más o menos competente, pero desde luego ni estaba acostumbrada a que sus pacientes les dijeran lo que debían hacer ni se caracterizaba por el dominio de las tácticas de presión violenta de grupos organizados, la victoria del lobby gay fue clamorosa. De hecho, para 1972, había logrado imponerse como una presencia obligada en la reunión anual de la APA. El año siguiente fue el de la gran ofensiva encaminada a que la APA borrara del DSM la mención de la homosexualidad. Las ponencias de psiquiatras especializados en el tema como Spitzer, Socarides, Bieber o McDevitt fueron ahogadas reduciendo su tiempo de exposición a un ridículo cuarto de hora mientras los dirigentes gays y algún psiquiatra políticamente correcto realizaban declaraciones ante la prensa en las que se anunciaba que «los médicos deciden que los homosexuales no son anormales».
Finalmente, la alianza de Kent Robinson, el lobby gay y Judd Marmor, que ambicionaba ser elegido presidente de la APA, sometió a discusión un documento cuya finalidad era eliminar la mención de la homosexualidad del DSM. Su aprobación, a pesar de la propaganda y de las presiones, no obtuvo más que el 58 por ciento de los votos. Se trataba, sin duda, de una mayoría cualificada para una decisión política pero un tanto sobrecogedora para un análisis científico de un problema médico. No obstante, buena parte de los miembros de la APA no estaban dispuestos a rendirse ante lo que consideraban una intromisión intolerable y violenta de la militancia gay.
En 1980, el DSM incluyó entre los trastornos mentales una nueva dolencia de carácter homosexual conocida como ego-distónico. Con el término se había referencia a aquella homosexualidad que, a la vez, causaba un pesar persistente al que la padecía. En realidad, se trataba de una solución de compromiso para apaciguar a los psiquiatras -en su mayoría psicoanalistas- que seguían considerando la homosexualidad una dolencia psíquica y que consideraban una obligación médica y moral ofrecer tratamiento adecuado a los que la padecían. Se trató de un triunfo temporal frente a la influencia gay. En 1986, los activistas gays lograban expulsar aquella dolencia del nuevo DSM e incluso obtendrían un nuevo triunfo al lograr que también se excluyera la paidofilia de la lista de los trastornos psicológicos. En Estados Unidos, al menos estatutariamente, la homosexualidad -y la paidofilia- había dejado de ser una dolencia susceptible de tratamiento psiquiátrico. Cuestión aparte es que millares de psiquiatras aceptaran aquel paso porque la realidad es que hasta la fecha han seguido insistiendo en que la ideología política en este caso la del movimiento gay- no puede marcar sus decisiones a la ciencia y en que, al haber consentido en ello la APA, tal comportamiento sólo ha servido para privar a los enfermos del tratamiento que necesitaban. Se piense lo que se piense al respecto -y la falta de unanimidad médica debería ser una buena razón para optar por la prudencia en cuanto a las opiniones tajantes- la verdad era que la decisión final que afirmaba que la homosexualidad no era un trastorno psicológico había estado más basada en la acción política que en una consideración científica de la evidencia. (...)
miércoles, 8 de junio de 2005
Enfoque de género ¿simple cuestión de terminología?
Hoy la teoría de moda, la políticamente correcta, aquella de la que no te puedes salir si no quieres resultar vapuleado/a es la estrategia GED: "Género en Desarrollo". Ayer era otra, y se defendía con el mismo ardor que la de ahora... hasta que, de pronto, nos encontramos con "la verdad", y desechamos la teoría anterior, al descubrir que era un terrible error, contraproducente, negativa. Mañana no sé cuál será la teoría "correcta".
Junto a una intención buena, la estrategia GED adolece del mismo problema que el marxismo: parte de una visión negativa, pesimista de la persona humana: todos y todas somos muy malos... y la única manera de progresar es la lucha contra el otro, contra la otra.
En el marxismo esta visión conducía a la lucha de clases como única manera de lograr la justicia. En la estrategia GED, se trata también de una lucha: yo me empodero y te quito poder. No vale la cooperación, la complementariedad, el apoyo recíproco... esas son visiones utópicas, ingenuas. Lo que hay que hacer es "luchar".
Las terribles consecuencias del marxismo las han sufrido millones de personas. ¿Tendremos que esperar a que suceda algo parecido para desechar el enfoque GED?
Junto a una intención buena, la estrategia GED adolece del mismo problema que el marxismo: parte de una visión negativa, pesimista de la persona humana: todos y todas somos muy malos... y la única manera de progresar es la lucha contra el otro, contra la otra.
En el marxismo esta visión conducía a la lucha de clases como única manera de lograr la justicia. En la estrategia GED, se trata también de una lucha: yo me empodero y te quito poder. No vale la cooperación, la complementariedad, el apoyo recíproco... esas son visiones utópicas, ingenuas. Lo que hay que hacer es "luchar".
Las terribles consecuencias del marxismo las han sufrido millones de personas. ¿Tendremos que esperar a que suceda algo parecido para desechar el enfoque GED?
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