martes, 13 de diciembre de 2005

Más información sobre la realidad de la financiación de la Iglesia

Miguel Villarejo en La Gaceta de los Negocios entrevista a Fernando Giménez Barriocanal, vicesecretario de Asuntos Económicos de la CEE. Esto que adjunto no es textual: está basado en el original

¿Cómo van las cuentas de la Iglesia? La gente cree que estupendamente. Según 'El País', el año pasado el Estado les dio 3.000 millones de euros.
Cuando se habla de la Iglesia, uno piensa en la Conferencia Episcopal y en que debe de manejar una cantidad fabulosa de recursos, y no es así. Los famosos 3.000 millones de El País se destinan a pagar los conciertos de los colegios [casi 2.400 millones] y las clases de religión [unos 500 millones]. El Estado no está regalando ningún dinero a nadie. Está pagando el sueldo de los profesores y obteniendo a cambio un servicio. Y en mejores condiciones que cuando lo presta directamente, porque hay que ver cuánto cuesta una plaza en la escuela concertada y cuánto en la pública [1.800 euros y 3.700, respectivamente].

La Iglesia tiene un enorme patrimonio…
A primera vista. Ahora, si se entiende por patrimonio lo que las Normas Internacionales de Contabilidad definen como “inmovilizado”, es decir, todo aquel bien sobre el cual ejercitas un dominio y que es generador de recursos, pues el patrimonio de la Iglesia tiende a cero. La catedral de Burgos no le reporta al arzobispado ninguna cantidad. Al contrario, su valor es negativo, porque la conservación recae sobre él y no obtiene ingresos.

Pero reciben donaciones fabulosas…
Muchas de la donaciones se hacen con mandatos muy precisos: la formación del clero, etc. Ese dinero no lo puedo tocar. No puedo dárselo a los pobres ni arreglar una parroquia. Sólo puedo acometer proyectos de formación. La realidad es que fondos efectivos, de los que podamos disponer con libertad, tenemos poquísimos.

En Alemania tengo entendido que aún se paga el diezmo, pero en España la Iglesia no le cuesta al creyente nada más que lo que pone en el cepillo graciosamente cada domingo.
En Alemania funciona un impuesto religioso. Cuando fijas allí tu residencia, tienes que declarar públicamente cuál es tu confesión y parte de tus ingresos se destinan a sufragarla.

¿Y si eres agnóstico o ateo?
Da lo mismo. Pagas igual y el dinero lo mandan a otro lado.

Parece que en España los contribuyentes no aportan lo suficiente a través del IRPF y que el Gobierno se ve obligado cada año a realizar una aportación extraordinaria.
Vamos a ver, el Estado no nos da más dinero del que nos corresponde por ley. El Acuerdo sobre Asuntos Económicos especifica textualmente que el nuevo modelo de financiación debía proporcionar “recursos de cuantía similar” al modelo que sustituía. El sistema de la crucecita tenía que entrar en vigor en 1982, pero fue retrasándose y, en diciembre de 1987, el Gobierno socialista lo implantó mediante un real decreto con el que la Iglesia jamás estuvo de acuerdo.

¿Con qué no estaba de acuerdo?
Con el porcentaje concreto que debía destinarse a la Iglesia. Nunca se había estudiado cuál era el coeficiente que había que aplicar para que el resultado supusiese “recursos de cuantía similar” al modelo sustituido, y el Gobierno decidió unilateralmente aplicar el 0,5239. Es un número sorprendente. En Italia tenían el 0,8 y en otros países utilizan el 0,7 o el 1, todo cifras redondas. Pero aquí sale el 0,5239. ¿De dónde lo han sacado? La respuesta es muy simple. Se cogió la cantidad que recibía la Iglesia y se calculó qué parte suponía de la cuota íntegra del IRPF de todos los contribuyentes (católicos o no). El resultado fue el 0,5239. Esto es una barbaridad. Primero, porque no se pacta con la Iglesia, con lo que se está incumpliendo el Acuerdo sobre Asuntos Económicos. Pero es que, además, es totalmente irreal, porque para que la Iglesia siga percibiendo la “cuantía similar” haría falta que rellenen la casilla el 100% de los contribuyentes. ¿Cómo van a rellenar la casilla el 100% de los contribuyentes?

¿Qué ha pasado desde entonces?
En 1988, de las crucecitas salieron 42 millones de euros. El Estado debía entregar a la Iglesia algo más de 83 millones [la “cuantía similar” del año anterior, actualizada con el IPC]. Había una diferencia de 41 millones. Se acordó un periodo transitorio de tres años para acomodar el sistema y, entre medias, se nos compensó con el famoso “complemento presupuestario”. Entonces supuso casi el 50% de la asignación total, pero desde entonces ha ido reduciéndose y en 2003 fue de 19 millones. No llega ni al 15%.

viernes, 9 de diciembre de 2005

La Caixa ha distribuido 800.000 ejemplares de su libro contra la Iglesia y la familia

El libro Violencia: tolerancia cero, elaborado por la Obra Social de La Caixa y ofrecido gratuitamente en las últimas semanas por todas las oficinas de la entidad de ahorros, ha distribuido 800.000 ejemplares en esta primera edición. Además de la impresión de las 128 páginas de esta obra, se ha repartido también un folleto informativo tanto sobre el propio libro como sobre la campaña que anuncia contra las actitudes violentas en el ámbito doméstico. Se trata, sin duda, de una tirada que se parece más a la de un best-seller, cuya amortización económica está asegurada casi de antemano con la previsión de ventas masivas, que a la de un trabajo de reflexión y análisis para distribuir gratuitamente entre los clientes de una caja. Parece claro que se ha gastado mucho dinero en esta iniciativa.

Pero el volumen, en el que la socióloga Inés Alberdi acusa a la Iglesia católica y a la institución familiar de ser responsables de la violencia doméstica, no ha sido todavía retirado a pesar de las protestas de miles de ciudadanos. Por eso la asociación E-Cristians mantiene abierta su campaña para que la gente que se sienta ofendida envíe mensajes de correo electrónico al director general de La Caixa, Isidre Fainé (jreguant@lacaixa.es), y al presidente de la entidad, Ricard Fornesa (sbadia@lacaixa.es). Se trata de pedir que se retire el libro, se difunda el mensaje de denuncia para implicar a más personas y se visite al director de la oficina más cercana para protestar.

Toda la primera parte del trabajo es un largo texto en el que la catedrática de Sociología Inés Alberdi asegura, en tono demagógico, que el problema de la violencia tiene su origen en la sociedad patriarcal. Y llega a acusar a la Iglesia católica de ser responsable de esta lacra social. “La religión ampara la idea de la superioridad masculina. Las religiones que se han desarrollado en las sociedades occidentales incorporan la idea de inferioridad de las mujeres y justifican la violencia contra ellas”, asegura esta profesora. En otro de los puntos, dice que “la doctrina y las normas que la Iglesia católica ha dedicado al matrimonio y a las relaciones entre hombres y mujeres están en consonancia con la misoginia inicial de los textos sagrados”.

Alberdi, tras una introducción en la que propone reflexiones a partir de los grandes interrogantes actuales sobre la violencia contra las mujeres, ofrece un primer aperitivo de su peculiar tesis afirmando que “hay datos suficientes para decir que la violencia contra las mujeres es una pauta cultural de las sociedades patriarcales”. En otro párrafo, la catedrática subraya que esa violencia “está íntimamente relacionada con el control de la sexualidad femenina”, y añade que “esta calificación extrema del comportamiento sexual no ha existido en referencia a los hombres, cuyas actividades sexuales no suponían ninguna deshonra ni para ellos ni para sus familias”. Por otro lado, califica también de “ideológica” la violencia contra la mujer, y lo explica asegurando que “las creencias patriarcales han preparado a las mujeres, durante siglos, para la aceptación del dominio masculino y de la violencia inherente”. Y concluye estas argumentaciones destacando que “la violencia no es un comportamiento natural, sino una actitud aprendida mediante la socialización”.

Pero el cúmulo de insultos a los creyentes llega entre las páginas 31 y 33 del libro. Tras las primeras frases referidas al hecho religioso a nivel global, Inés Alberdi pone nombre y apellido a las acusaciones: “tradición judeocristiana”. Concretamente dice que, desde esta realidad histórica, “se insiste en las características de superioridad del hombre, al mismo tiempo que se refuerza sistemáticamente la idea de inferioridad y dependencia de las mujeres”. A continuación, apunta que “la sociedad occidental se hizo todavía más patriarcal con la extensión de las religiones monoteístas como la judía y la cristiana”. Curiosamente, no menciona el Islam. “Con la creencia en un solo dios, masculino y todopoderoso, las mujeres desaparecen de los templos y de los ritos y sacrificios religiosos, espacio en el que habían tenido un cierto protagonismo”.

Otra omisión grave es que, a la hora de poner ejemplos, la catedrática sólo habla de Eva, asociada al pecado, y no de María, la madre de Jesús, presentada siempre como el gran referente de la teología y el mensaje cristiano defensor de la feminidad, la maternidad y los derechos de la mujer. “Los símbolos asociados a la feminidad se degradan y, progresivamente, van relacionándose con el mal, la destrucción y el pecado. La encarnación inicial del pecado es Eva, la primera mujer, que provoca la expulsión del paraíso del resto de los mortales. Por culpa de Eva, Adán y todos sus hijos resultan condenados”, explica.

Libros sagrados y tradiciones sacramentales

Refiriéndose al Antiguo Testamento, Inés Alberdi recuerda que, en este texto común de judíos y cristianos, “se narran numerosas historias de sumisión y de inferioridad femenina, aunque es sobre todo a través de las interpretaciones de los textos sagrados como se va elaborando una doctrina que cada vez separa más a los hombres de las mujeres, niega todo el valor a lo que es específicamente femenino y presenta a las mujeres como portadoras de peligros y tentaciones de pecado”. Sobre la tradición eclesial, la socióloga afirma convencida que “la declaración ritual del matrimonio católico, con la connotación de propiedad que transmite respecto de la esposa, establece una remarcable desigualdad entre los cónyuges”.

No se acaban aquí las ofensas a la Iglesia y a los cristianos. En otro párrafo, recuerda a San Pablo para decir que defiende la esclavitud: “El campo semántico en que se mueve el ritual del matrimonio cristiano es el de la autoridad del marido y la subordinación de la mujer, el del amo y la esclava, el del poder y la sujeción. La epístola de San Pablo que se lee durante la ceremonia del matrimonio reitera la posición subordinada de la mujer: Estén las casadas sujetas a sus maridos, e insiste, por si acaso alguien no lo hubiera oído bien, en que igual que la Iglesia está sujeta a Cristo, las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo”. A continuación, cita otra frase del apóstol en la que afirma que “cada uno de vosotros tiene que amar a su mujer como a sí mismo, y la mujer debe temer y amar a su esposo”. En este sentido, Inés Alberdi dice que “lo primero y más necesario es el miedo: primero que tema a su mrido, y luego que lo ame”. Cabe recordar, como inciso, que muchas traducciones bíblicas, siguiendo el sentido más profundo de las cartas paulinas, traducen con las palabras “respeto” y “respetar” lo que esta socióloga recoge como “temor” y “temer”.

Esta socióloga llega a la particular conclusión de que “la doctrina cristiana ha mantenido estas ideas durante siglos”, y añade que “la religión ha influido especialmente en la vida cotidiana de la gente y en las relaciones entre sexos en la vida privada”, asegura. Y para intentar contextualizar sus afirmaciones, la profesora sentencia que, “a las mujeres que se quejaban al confesor del trato que recibían de su marido, les recomendaban aceptarlo como un sufrimiento enviado por Dios y verlo como la propia ascensión al calvario. Tenían que rezar para que su marido cambiase, pero también tenían que aceptar la voluntad de Dios”.

La familia estable y armónica, también culpable

Por otro lado, también se puede leer en el libro, dentro de la parte firmada por la propia Alberdi, que “la familia es el espacio central para el aprendizaje de la violencia”, que “es preciso poner fin así al mito de la familia armoniosa” y que es importante “que los integrantes de la familia vean el conflicto como un hecho normal y potencialmente positivo”. En la misma línea, la socióloga considera que el ámbito familiar, de “ideología patriarcal”, es el lugar donde se aprende a generar violencia contra las mujeres. en la página 39, la socióloga sigue afirmando que la raíz de todos los males es la familia cuando dice que “la familia es el espacio central para el aprendizaje de la violencia... La violencia interviene en todas las esferas de la vida de las mujeres: Se desata en el seno de la familia, influye en las formas de establecer las relaciones sexuales, afecta al mundo del trabajo, las formas de ocio, la cultura y los estilos de vida”.

La ‘perniciosa’ influencia de la familia también alcanza a la actitud de las mujeres, según Alberdi, ya que “son hombres los que ejercen la violencia, pero los agentes de esta violencia no son sólo los hombres, porque no se puede olvidar que las mujeres también están sumergidas en la cultura y sujetas a su influencia. Con mucha frecuencia, los agentes de esta violencia son las mismas mujeres, porque hacen de transmisoras de las normas de desigualdad y sumisión entre géneros a través de la socialización de los hijos e hijas”. El libro entona, en la página 53, un canto a romper con la concordia y la estabilidad familiar: “Bajo la ideología de la armonía, a veces hay ideas disimuladas respecto a la poca valía de las mujeres que van unidas al rígido reparto de responsabilidades domésticas entre el marido y la mujer”.

Al mismo tiempo, en la página 57, considera que “es importante que los valores familiares se liberen de la ideología patriarcal con el fin de que los integrantes de la familia vean el conflicto como un hecho normal y potencialmente positivo”. Y concluye: “Es preciso profundizar en la democratización de la esfera privada, y poner fin así al mito de la familia armoniosa, que encubre prácticas milenarias de control patriarcal y sumisión femenina”. Todas estas frases reproducidas han provocado ya miles de quejas a La Caixa, de manera insistente y con el objetivo de que se retire el libro". Joan Miquel Corbí. Forum Libertas.

viernes, 2 de diciembre de 2005

¿Quién tiene la receta buena?

ONUSIDA, el Ministerio de Salud y los promotores de las campañas por el uso del preservativo para prevenir el SIDA lo hacen basados en prejuicios:

a) manifiestan un profundo desconocimiento de la persona humana pues no son conscientes de que en muchas relaciones de pareja, de matrimonios, la exigencia del condón supone provocar una brecha: es lanzar el mensaje de que "no me fío de ti" o bien "no te fíes de mi". Quizás a los promotores de las campañas les dé igual, pero a muchos hombres y mujeres, no les da igual.
b) parecen pensar que las relaciones sexuales entre los jóvenes son algo reflexionado, frío, planificado... cuando la realidad es muchas veces son fruto de la improvisación, de una "aceleración", e incluso de un exceso de alcohol u otros estimulantes; especialmente si esos jóvenes han recibido antes un bombardeo mediático planteándoles el sexo como un juego.
c) no se creen, no sé si por experiencia propia, que un hombre y una mujer puedan vivir la abstinencia o la fidelidad, por lo que no confían en esa estrategia.

En realidad sus campañas frivolizan el sexo, lo trivializan, hacen que un mayor número de jóvenes y a edades cada vez más tempranas se incien en el sexo y en muchos casos en una actividad promiscua.

¿Cuántas muertes están provocando esos prejuicios, esas actitudes? Tarde o temprano tendrán que darse cuenta de lo qué es realmente eficaz y tendrán que pedir perdón después de cargar sobre su conciencia millones de muertos y enfermos.

Curiosamente la incidencia del SIDA es infinitamente menor entre la gente que se toma en serio lo que dice la Iglesia y lo vive, que entre quienes no le hacen caso: ¿a ver si al final va a resultar que, a pesar de las críticas que recibe, la Iglesia tiene la receta que funciona?

El informe ONUSIDA... más preservativos

Jokin de Irala. Doctor en Medicina y doctor en Salud Pública

El informe ONUSIDA de 2005 confirma que el incremento del sida sigue su curso devastador. Algunas cuestiones me han llamado la atención en relación con este informe.
  1. "Detener el sida. Mantener la promesa", es el lema que se escogió para la campaña 2005 de lucha contra el sida. (...) Curiosamente, su punto 52 que dice: "...animando al comportamiento sexual responsable, incluyendo la abstinencia y la fidelidad; expandiendo el acceso a productos esenciales incluyendo los preservativos masculinos y femeninos...", ha sido "resumido" de la siguiente manera: "...animando al comportamiento sexual responsable, expandiendo el acceso a preservativos masculinos y femeninos...".
  2. Se afirmaba en 2001 que la abstinencia y la fidelidad deben formar parte de todo programa integral de prevención, estas palabras solamente figuran en 3 ó 4 ocasiones en las 100 páginas del informe ONUSIDA 2005 y para señalar inconvenientes de su aplicación en algunos países. Sin embargo, al referirse al éxito logrado, por los comportamientos "A" (retraso del inicio de relaciones sexuales) y "B" (fidelidad) de la estrategia "ABC" de prevención del SIDA, en el descenso del SIDA en Uganda o su vecina Kenia, afirman que "es probable que los cambios comportamentales hayan contribuido a estas tendencias". (...) De hecho, los casos de VIH/SIDA no suelen disminuir a menos que se hayan adoptado también los comportamientos "A" y "B" de la estrategia "ABC" de prevención del sida.
  3. Llama la atención que entre sus 300 citas bibliográficas no se haya considerado pertinente citar a ninguno de los autores, como Green, Low-Beer, Stoneburner o Hearst, de estudios recientes sobre la eficacia de los componentes "A" y "B" de la estrategia "ABC" de prevención de sida o estudios cuestionando la eficacia global de las campañas centradas únicamente en los preservativos. Tampoco se hace ninguna mención al consenso internacional publicado en The Lancet en el 2004 sobre la estrategia "ABC" de prevención del sida (Halperin, 2004).
  4. Se afirma, en una utilización exquisita del vocabulario, que "el preservativo es la tecnología más eficaz para prevenir el sida" obviando el hecho de que "el componente "A" de la estrategia "ABC" es la medida preventiva más eficaz que existe y, además, es la única medida preventiva 100% eficaz contra el sida. La abstinencia "evita" el riesgo mientras que el preservativo "reduce" el riesgo.

Las campañas españolas, como la de 2004: "Por ti y por todos, úsalo", que asumen la promiscuidad sin decir nada en contra, son un ejemplo de medida preventiva no integral. Según datos oficiales, la mayoría de los españoles desconoce que evitar la promiscuidad es crucial para evitar el sida. No existiría ninguna pandemia de sida si no fuera por conductas sexuales evitables como la promiscuidad. Desde el punto de vista científico y de la eficacia de la Salud Pública es un error, o un prejuicio, no hacer campañas claras y contundentes desaconsejando la promiscuidad por miedo a ser "moralizantes". (...) Tampoco parecía "realista", plantear programas de educación sanitaria para prevenir el tabaquismo hace años cuando, en muchos grupos de edad, más del 75% de la población fumaba.

En Salud Pública se pueden dar recomendaciones utilizando canales poblacionales o canales personales cuando las primeras pudieran favorecer efectos indeseables. Por ejemplo, a pesar de haberse encontrado que el consumo moderado de alcohol es beneficioso para algunos varones, se recomienda no anunciar a la población que "el alcohol es bueno para la salud" porque podríamos asistir a problemas colaterales debido a su consumo inadecuado, como un aumento de accidentes en jóvenes, del alcoholismo o de cirrosis. Por el contrario, se recomienda que su efecto beneficioso se transmita, de manera personal, del profesional sanitario al paciente concreto.

En el caso de sida asistimos al fenómeno curioso de que se da el mismo mensaje a quienes comercializan con el sexo o a usuarios de drogas que al joven de 13 años que no ha tenido todavía relaciones sexuales. La falsa idea de seguridad y la sensación de invulnerabilidad propia de la juventud incitan a muchos a dejar la "evitación del riesgo" poniéndose "a riesgo" de infectarse. Cuando se plantea el "ABC" es insuficiente incluirlo en documentos oficiales para dar la impresión de ser respetuosamente pluralista e "integral". Tampoco tiene sentido aceptar la idea en público pero afirmando que en la práctica "no es una opción realista". Se trata de que los instrumentos y recursos de la salud pública, de la educación sanitaria, de la publicidad y de los programas educativos hagan el esfuerzo real de transmitir este mensaje de manera eficaz a los jóvenes que se beneficiarían más de la "evitación" del riesgo que de la "reducción" del riesgo. El auténtico realismo pasa por este esfuerzo genuino de quienes, como las autoridades sanitarias y educativas de un país, deben superar la simple constatación pesimista de que no se puede hacer mucho más que distribuir preservativos.

Parece que existe un autentico prejuicio o "pánico" en pronunciar las palabras de "retraso del inicio de relaciones sexuales" o "fidelidad". Se intenta camuflar sus logros y se evita hacer un esfuerzo real para aplicarlos en la práctica. Probablemente no consigamos revertir la pandemia de sida hasta que la abstinencia y la fidelidad formen genuinamente parte de todos los programas llamados "integrales" de prevención de sida.

jueves, 17 de noviembre de 2005

La financiación de la Iglesia: ¿un privilegio?

Unos datos para desmontar la demagogia

  • Lo que la Iglesia recibe del Estado es en un 77% producto de la cantidad que los católicos libremente aportamos marcando la cruz en la Declaración de la Renta.
  • Solo el 23% restante es aportación del Estado: 32 millones de euros en 2004.
  • Esos 32 millones de euros -el supuesto “regalo” del Estado, el supuesto “provilegio” de la Iglesia Católica- quedan abrumadoramente compensados por las aportaciones que la Iglesia hace de sus recursos a la sociedad. Recordemos solo dos:
    a) Cáritas -descontando la subvención que recibe del Estado- destina a la ayuda de las necesidades sociales más de 100 millones de euros, el triple de lo que el Estado aporta a la Iglesia.
    b) Manos Unidas lo hace con cerca de 40 millones de euros. Esta aportación es por sí sola superior a lo recibido por la institución católica.

¿Más? 107 hospitales, 128 ambulatorios, 876 centros para enfermos crónicos, gente mayor, enfermos terminales, con un total de 51.312 camas, algo que representa cerca de 6 mil millones de euros. ¿Más aún? La aportación de la escuela religiosa: si sus plazas fueran públicas significaría más de 3.000 millones de euros, cuando sólo recibe menos de 2.000.

Todo esto -y mucho más- es aportación cuantificable de la Iglesia a la sociedad española. Aportaciones concretas, dirigidas a necesidades básicas y a los más débiles.

Además habría que hablar de la desamortización estatal de los bienes eclesiásticos: si no se hubiese producido, ¿necesitaría la Iglesia esas aportaciones del Estado?

Prácticamente de manera simultánea ha coincidido la amenaza del PSOE de disminuir la aportación a la Iglesia con el acuerdo unánime de los partidos políticos para incrementar lo que recibe cada grupo parlamentario. Y ésta es solo una parte de lo que perciben del dinero de todos los ciudadanos. Porque ingresan además una aportación anual directa como partido, otra -también anual- vía las respectivas fundaciones y otras más en períodos electorales para cubrir los gastos de las elecciones municipales, autonómicas y generales. El resultado es muchísimo dinero, cientos de millones de euros.

Algunos datos de las aportaciones de la Iglesia a la sociedad ya hemos dado. Habría que preguntarse qué aportan los partidos de sus propios recursos para resolver problemas concretos.

martes, 8 de noviembre de 2005

El Papa propone un «cambio de ruta» misionero para superar las crisis en la Iglesia

El pontífice recibió este sábado a los obispos austriacos al concluir la quinquenal visita «ad limina apostolorum» . En el discurso que les dirigió en alemán, el pontífice comenzó enunciando los «hechos dolorosos» que «suceden hoy»: «el proceso de secularización cada vez más significativo para Europa no se ha detenido ni siquiera a las puertas de la católica Austria», deploró.

En los últimos años, la Iglesia en Austria ha vivido escándalos, como el del seminario de St. Pölten (verano de 2004), tras los que lentamente está recuperando la serenidad. «La identificación con la enseñanza de la Iglesia decae en muchos fieles y de este modo se pierde la certeza de la fe y desfallece el respeto reverencial por la ley de Dios», siguió constatando.

«¿Qué podemos hacer?», se preguntó el obispo de Roma.

«Por una parte, es necesaria la confesión clara, valiente y entusiasta de la fe en Jesucristo», respondió. «Por otra --siguió diciendo--, son necesarias numerosas medidas misioneras, pequeñas y grandes, que tenemos que tomar para realizar un "cambio de ruta».

«¡No os hagáis ilusiones!», advirtió el Papa. «Una enseñanza católica que se ofrece de manera incompleta es una contradicción en sí misma y no puede ser fecunda a largo plazo». «El anuncio del Reino de Dios debe estar acompañado por la exigencia de conversión y por el amor que alienta, que conoce el camino, que enseña a comprender que con la gracia de Dios incluso lo que parece imposible se hace posible», destacó.

«¡Pensad en la manera en que, poco a poco, la enseñanza de la religión, la catequesis en los diferentes niveles y la predicación pueden mejorarse, profundizarse y, por así decir, completarse!», recomendó.

«Por favor --imploró--, ¡utilizad con celo el "Compendio" y el "Catecismo de la Iglesia Católica!». «¡Tratad de que los sacerdotes y catequistas adopten estos instrumentos, que se expliquen en las parroquias, en las asociaciones y en los movimientos, y que se utilicen en las familias como lecturas importantes!», insistió en un discurso particularmente intenso en el tono.

«En la incertidumbre de este período histórico y de esta sociedad, ofreced a los hombres la certeza de la fe completa de la Iglesia», recomendó. «La claridad y la belleza de la fe católica hacen luminosa la vida del hombre también hoy. ¡Sobre todo, si la presentan testigos entusiastas y entusiasmantes!», aseguró.

Benedicto XVI es optimista: «La chispa del celo cristiano puede volver a encenderse».

jueves, 13 de octubre de 2005

Bono: «No son nuestras buenas obras las que nos abren las puertas del cielo, sino la gracia de Cristo»

Publica Mar Velasco en La Razón.

La noticia saltó hace unos días, cuando salieron a la luz alguno de los párrafos de las conversaciones que el periodista Michka Assayas ha mantenido a lo largo de dos años con Bono, el líder de la banda irlandesa U2. Alguna de estas conversaciones, publicadas recientemente en el libro «Bono on Bono», son toda una declaración de principios. En el capítulo «Hablemos también de eternidad», el cantante, que siempre se ha proclamado católico, da testimonio de su fe y descubre anécdotas y reflexiones sobre la Iglesia, la familia o el terrorismo.

El 11 M y el perdón. La primera sorpresa la reserva el comienzo del capítulo: Michka Assayas, periodista agnóstico, describe cómo se acaba de enterar del atentado del 11 M en Madrid. Bono también ha oído la noticia: «Lo he oído en la radio, y he visto las imágenes cuando he salido del estudio. Atroz. No dejo de pensar en la canción “Love and mercy” (Amor y misericordia) de Brian Wilson. Exactamente los dos sentimientos que los terroristas quieren destruir», se lamenta. Bono recuerda también el día del 11 S, cómo su concierto en el Madison Square Garden poco después del atentado fue «un evento trascendente», y cómo le habría gustado escribir una obra de teatro sobre «cómo un irlandés podía matar a otro irlandés a sangre fría. Le daba vueltas constantemente a lo que Hannah Arendt llama la banalidad del mal. Me preguntaba cómo es posible», reflexiona.

Amor que transforma. «Un hombre espiritualmente abierto es mucho más vulnerable y manipulable que un escéptico», afirma Bono. «El instinto religioso es muy puro, pero si no va acompañado de un gran rigor, es muy difícil de controlar. (...) Yo entiendo las Escrituras concentrándome en Cristo. Él nos enseña que Dios es amor. ¿Qué quiere decir esto? En su caso, el amor ha sido revelado a través de su nacimiento en una extrema pobreza, en una condición vulnerable, indigna. Creo que Dios es el amor con mayúsculas, y por tanto, si consigo transformarme y vivir en ese amor, entonces, habré encontrado mi religión. Cuando las cosas se ponen difíciles, intento vivir en ese amor que se me pide. Y en este momento, sinceramente, (por el 11 M) no es fácil hacerlo», reconoce.

Bono prosigue con su visión del Evangelio: «No tengo una visión hippy de Cristo. Los evangelios hablan de un amor que pretende mucho y que a veces divide mucho, pero siempre es amor. Con el Jesús del Nuevo Testamento se puede establecer una relación de igual a igual, mientras que la relación del Antiguo Testamento con Dios es una relación jerárquica. La cruz de Cristo asume en sí estas dos cosas», afirma el cantante con convicción.

Cuando Dios sale de escena. «La religión puede ser enemiga de Dios. Pero eso ocurre a menudo, cuando Dios sale de la escena, y nacen una serie de reglas donde un tiempo hubo convicción, el dogma que sustituye a la espontaneidad, una congregación y un líder cuando antes era guiada por el Espíritu», sostiene. Assayas hace una inmediata alusión al Vaticano y Bono replica: «Hay que intentar no ser demasiado duros con la Iglesia de Roma. La Iglesia tiene sus problemas, pero cuanto mayor me hago, más me conforta. Me gusta, además, la experiencia física de pertenecer a una multitud de gente humilde que reza con la cabeza baja. Y después está la iconografía, las vidrieras, los colores litúrgicos, el aroma del incienso...».

Hay un silencio, tras el que Assayas le reprocha «no ser crítico» con la Iglesia. Bono se suma a la lista de «disidentes» en materia de moral sexual, aunque añade una reflexión atípica para los tiempos que corren: «Soy crítico con la Iglesia de Roma especialmente en el tema de la contracepción. Pero cuando das con gente como sor Benedicta y ves su trabajo en Addis Abeba con los niños huérfanos de sida, o el de sor Anna en Malawi, o del padre Jack Fenukan y su gente en África, cuando conoces curas y monjas que se desviven por los enfermos y los pobres, renunciando a una vida mucho más cómoda, créeme que te sientes muy cerca de sus ideales», afirma.

El amor, un desafío. Para Bono, el amor es un auténtico desafío: «Los fundamentalistas no aman el mundo. Están solo de paso, en espera de alcanzar el otro mundo. Es un argumento clásico: “Sufre aquí y allá recibirás recompensa”. Y sin embargo, yo pienso en las palabras de Cristo: “Así el Cielo como en la Tierra”. Cuando uno va envejeciendo, se tienen menos posibilidades de cambiar la propia vida y se está menos dispuesto a ver el amor también como un desafío, se tiende a buscar un amor más seguro, más cómodo».

Bono reflexiona también sobre la poderosa diferencia que él encuentra entre el catolicismo y las demás religiones: «Estoy sinceramente convencido de que hemos salido del reino del “karma” para entrar en el de la gracia», sostiene.

«En el centro de todas las religiones está la idea del “karma”. Ya sabes, todo lo que haces te vuelve a ti; ojo por ojo, diente por diente, o en física –en las leyes físicas– cada acción encuentra otra igual u opuesta. Entonces llega esta idea llamada “gracia” que acaba con todo esto», explica.

Cuando la gracia supera al karma. «El amor interrumpe las consecuencias de tus acciones, lo que en mi caso realmente son buenas noticias porque yo he hecho muchas estupideces en esta vida. Pero tendría serios problemas si finalmente el “karma” fuese mi juez. No es que excuse mis errores, pero yo me acojo a la gracia. Me acojo a que Jesús tomó mis pecados sobre la cruz, porque yo sé quien soy y espero no tener que depender de mi propia religiosidad. El sentido de la muerte de Cristo es que Él tomó los pecados del mundo, de modo que lo que soltamos no vuelva a nosotros rebotado, y que nuestra naturaleza pecadora no coseche la muerte obvia. No son nuestras buenas obras lo que nos abren las puertas del cielo», afirma con convicción. La réplica de Michka Assayas es inmediata: «Una esperanza tan grande es maravillosa, aunque esté cercana a la demencia, en mi opinión», responde. «Cristo tiene su lugar entre los grandes pensadores del mundo. Pero, eso de “Hijo de Dios” ¿...no es difícil de creer?», le pregunta.

La locura de creer en Cristo. «Verás, la respuesta laica a la historia del Cristo siempre dice algo así: “Era un gran profeta, obviamente un tipo muy interesante, tenía mucho que decir, en la línea de otros profetas, sean Elías, Mahoma, Buda o Confucio”. Pero la realidad es que Cristo no te permite decir esto. No te deja salir por ahí. Cristo dice: no, yo no digo “soy un maestro”, no me llaméis maestro. Ni estoy diciendo “soy un profeta, sino: “Soy el Mesías”. “Yo soy Dios encarnado”. Y la gente dice: “Por Dios, mira, intenta ser sólo un profeta. Un profeta es algo aceptable. Sólo eres un poco excéntrico ¡Si ya estaba Juan el Bautista, que comía hierbas y saltamontes! Pero por favor, no digas esa palabra con la M...” Y Cristo responde: “Sé que esperáis que vuelva con un ejército para liberaros del mal, pero lo siento, soy de verdad el Mesías”. Así que lo que te queda es que, o Cristo era quien decía que era –el Mesías– o era un completo chiflado, tipo Charles Manson, o como los de los explosivos, que se puso una tira en la frente que decía “rey de los judíos” y subió a la cruz buscando el martirio... No bromeo, Michka. La idea de que el curso de la civilización ha cambiado, que se ha vuelto del revés, debido a un chiflado... para mí, eso sí que es difícil de creer», sostiene.

«¡Pero no ha sido el único en proclamarse Mesías!», replica Assayas. «Sí, pero los demás no han cambiado el curso de nada», responde Bono. «Cuando miro a la cruz de Cristo, veo todas mis estupideces, y también las de los demás. “¿Quién era este hombre?”, me pregunto. ¿Era quien decía ser, o era solo un loco? Creo que de momento, es una pregunta a la que nadie podrá responder...», concluye, sorprendiendo al agnóstico Michka Assayas con toda una declaración de fe.