viernes, 3 de junio de 2005

¿Matrimonio de "homosexuales"?

Un matiz interesante: al parecer, el proyecto de ley del gobierno español no habla matrimonio de "homosexuales", sino de matrimonio entre "personas del mismo sexo". Supongo que incluso podría ser anticonstitucional exigir a alguien que declare públicamente su orientación sexual antes de casarse, ¿no?

Así es que, dos estudiantes -varones o mujeres- que comparten un apartamento, a los que por motivos económicos les interesase casarse, podrían hacerlo. Cuando acaben los estudios o se harten de compartir el apartamento, se acogen a la nueva ley sobre el divorcio rápido y ya está.

¿Y alguien duda de que con este proyecto de ley se está devaluando la figura del matrimonio?

martes, 31 de mayo de 2005

Los franceses han votado "no"... ¡todavía hay esperanza!

A pesar de la campaña... los franceses han dicho lo que les ha parecido. Han sido capaces de sustraerse de la presión, de lo políticamente correcto, del aparetaje gubernamental.

Prescindo en estos momentos de que se tratase del Referendum sobre la Constitución Europea, y me fijo solo en lo que hay de "salud democrática", de "libertad de espíritu" en ese NO.

Por cierto... no me parece que los franceses hayan dicho que no a Europa... sino que ha dicho que no a "esa" Europa.

¡Ole sus narices!

miércoles, 25 de mayo de 2005

La religión en las escuelas

Me parece muy interesante, así es que lo "fusilo" de scriptor.org:

Algunas veces, los análisis comparativos ilustran asuntos enmarañados o confusos. El Diario de Navarra ha publicado un interesante y sencillo estudio comparativo acerca de la asignatura de religión en Europa, según el cual resulta que esa asignatura se imparte dentro del horario escolar en todos los países de la Unión Europea, excepto en Francia.

Alemania. Materia ordinaria en el plan de estudios. Obligatoria con posible exención.
Austria. Materia obligatoria hasta los 14 años. Posible exención.
Bélgica. Asignatura de libre elección.
Bulgaria. Materia de libre elección.
Croacia. Libre elección.
Dinamarca. Materia obligatoria del currículo escolar. Posible exención.
Eslovaquia. Materia de libre elección.
España. Materia de libre elección.
Finlandia. Asignatura escolar obligatoria. Posible exención.
Francia. No se imparte en el sistema educativo, excepto en Alsacia y Lorena. Sólo se cursa en las escuelas privadas católicas (22% de los centros).
Grecia. Obligatoria desde 3º de Primaria. Se puede pedir dispensa.
Holanda. De libre elección en centros públicos y obligatoria en los confesionales.
Irlanda. Materia de libre elección.
Italia. Materia de libre elección.
Letonia. Libre elección.
Lituania. Libre elección.
Luxemburgo. Asignatura obligatoria con petición de exención.
Malta. Materia escolar obligatoria con posibilidad de exención.
Noruega. Materia escolar obligatoria con posible exención.
Polonia. Libre elección.
Portugal. Libre elección para los alumnos. No cuenta para nota.
Reino Unido. Materia obligatoria en el currículo pero con posible exención.
República Checa. Libre elección.
Rumanía. Asignatura obligatoria en Primaria y de libre opción en Secundaria.
Suecia. Materia obligatoria en el currículo escolar.
Suiza. Obligatoria en algunos cantones y de libre elección, en otros.
Turquía. Asignatura obligatoria pero con posible exención para los no musulmanes.
Ucrania. Materia obligatoria en todos los niveles.

jueves, 19 de mayo de 2005

¿No hay ninguna otra condición? ¿Es así de fácil?

El 13 de mayo escribe en el Diario Vasco, en respuesta a una carta anterior, el Director de Bienestar Social del Gobierno Vasco, Luis Fernando Consuegra (Izquierda Unida):

"El matrimonio es una formalización ante la sociedad, ante la propia pareja y ante el ordenamiento jurídico de la relación amorosa entre dos personas adultas que deciden crear un proyecto de vida en común, acogiéndose a un conjunto recíproco de derechos y obligaciones, entre sí y frente a terceros. (...)

Todo esto pone de manifiesto dos cosas: primero. que el matrimonio es una institución cultural, y que evoluciona con el tiempo; y segundo, que lo importante en el matrimonio es el amor entre dos personas y su voluntad de crear un proyecto común y obtener el amparo y la protección del ordenamiento jurídico. "


Entiendo que entonces no habrá ningún problema en que yo me case con mi hermano para conseguir ese amparo, esa protección y las posibles ventajas fiscales, ¿no?

lunes, 16 de mayo de 2005

Heredero aún no nato

Me ha parecido interesante esta reflexión que he recibido por email:

"A este futuro heredero todo el mundo ya lo considera como él (o como ella). Ya tienen planes para él (para ella). Se imaginan si Letizia decidiese pasar por una clinica abortista, Dator, por ejemplo. Se imaginan a esa princesa diciendo que ella pare y por tanto ella decide. A nadie se le oye decir que es un feto no nato y sin derechos. ¿Vale menos la vida de otro niño aun no nato que en estos momentos está en una clinica abortista siendo eliminado por...? Le preguntaría a todas las mujeres que piensan abortar: ¿para ti tu hijo vale menos que el de la princesa Letizia?"

miércoles, 20 de abril de 2005

¡Cuanta demagogia!

El Cardenal Ratzinger es ya Benedicto XVI.

¡Cuánta demagogia -¿o falsedad?- por parte de algunos para dar una imagen de intrasigencia del nuevo Papa! Los "tontos útiles" de siempre utilizados como ariete para desprestigiar al Romano Pontífice y a la Iglesia.

No nos engañemos: Kung, Haring, Tamayo, Miret Magdalena, Boff, etc. no son "teólogos disidentes", son simplemente "tránsfugas", y los fieles de a pié pedimos a la Iglesia que trate de recuperarlos pero, que si no están dispuestos a ello, que tome medidas (que por otra parte, siempre serán infinitamente más caritativas que las aplicadas por el PSOE o el PP a sus tránsfugas).

martes, 19 de abril de 2005

Ortodoxia y provocación

Esto tampoco es mío, es de Juan Manuel de Prada, publicado en El Semanal de esta semana. Me ha parecido realmente bueno:

Escribe Chesterton en su Autobiografía unas consideraciones muy iluminadoras sobre la recepción que su época dispensó a uno de sus ensayos más perspicaces, Ortodoxia, que como su mismo título prefigura aborda el asunto religioso. «El título [del libro] –cito a Chesterton– mantuvo una cierta virtud: era provocativo. Y el que fuera provocativo supone realmente una prueba para nuestra sociedad moderna. Yo había empezado a descubrir que, en todo aquel cenagal de herejías inconsistentes e incompatibles, la única herejía realmente imperdonable era la de la ortodoxia. [...] Prácticamente casi todos en el mundo de la literatura y el periodismo empezaron a dar por sentado que mi fe en la doctrina cristiana era una pose o una paradoja. Los más cínicos pensaban que era sólo un truco. Los más leales y generosos sostenían con cariño que era sólo una broma. Todo el horror de la verdad, la bochornosa constatación de que yo realmente creía en todo aquello, estalló ante ellos mucho después. [...] Los críticos se mostraron casi siempre elogiosos con lo que les gustaba llamar mis brillantes paradojas hasta que descubrieron que realmente yo quería exactamente decir lo que decía. A partir de ese momento, han sido más combativos conmigo.»

Confesaré que, al leer este pasaje, sentí esa gozosa impresión de sintonía espiritual que nos asalta cuando vemos registrados en letras de molde anhelos o zozobras que nosotros mismos hemos experimentado. Aunque Chesterton no lo declare explícitamente, creo que en el embrión de su paulatino alejamiento de la iglesia anglicana y en su posterior conversión al catolicismo subyace un fondo de provocación contra la oficialidad, esa impertinencia intrépida o suicida que bendice a unos pocos escritores y los enfrenta a su época. Al leer este pasaje me acometió una risueña impresión de hermandad: mi acercamiento a la religión tuvo también un origen provocativo, de irónica repulsa hacia la ‘doctrina oficial’ que los intelectuales imparten desde sus púlpitos mediáticos. Porque si algo me fastidiaba de la cofradía intelectual era precisamente esa suerte de beatería laica con que cacarean siempre las mismas obviedades seudoprogres, la misma cantinela de pronunciamientos respetuosos de la corrección política y devotos de la mano que les da de comer, que es la misma que reparte bulas y anatemas en la república de las letras. Toda este fangosidad de intelectuales prêt-à-porter no tardó en provocarme náuseas; por supuesto, la diana más concurrida de sus invectivas archisabidas era la Iglesia católica. Daba un poquito de grima verlos a todos sacando pecho y haciéndose los gallitos, mientras arrastraban por el barro las creencias de mucha buena gente; daba un poquito de repelús verlos desaguar su rencor despotricando contra los curas, fingiendo además que con ello estaban rebelándose paladinamente contra el poder constituido. Aquella bravuconería de quienes se disfrazan de espadachines temerarios cuando en realidad saben que no hacen sino asestar lanzadas a moro muerto me movió, por repugnancia y también por un cierto afán de provocación, a pulsar la nota discordante.

Enseguida ese movimiento de repulsa se transformó en curiosidad hacia la religión zaherida; y pronto esa curiosidad se fue decantando hacia un interés sincero. En este proceso de conversión actuó como acicate la muy sabrosa certeza de que –como escribía Chesterton– «la única herejía realmente imperdonable era la de la ortodoxia»; siempre me ha gustado pastar fuera del redil. Así fui descubriendo poco a poco que en la religión podía hallar un continente incógnito de sabiduría acumulada a lo largo de dos mil años, de bellezas inéditas y siempre renovadas, de pensamiento fecundo y gozosas perplejidades. Acercarse a la religión es como aproximarse a una puerta tras la que se abre una estancia desconocida. A medida que uno se acerca a esa puerta, la visión que tiene de la estancia a través del agujero de la cerradura es cada vez más angosta y reducida. Pero cuando por fin uno se atreve a empujar esa puerta, se queda maravillado de las gigantescas dimensiones de la estancia que se extiende ante sus pies: el descubrimiento de esa infinita extensión en la que uno puede retozar libremente, liberado de las cortapisas ambientales, es sin duda el más valioso hallazgo intelectual que me ha deparado la vida.

Naturalmente, este descubrimiento dichoso se cobra, como contrapartida, un severo impuesto de soledad y ostracismo; pero la intemperie resulta a la postre más reconfortante que la tibieza del establo donde se congrega la manada.